…algo dedicado a la frustración

Muchas veces decimos que nos sentimos frustrados, y otras sin saberlo, lo experimentamos. La frustración es un sentimiento de impotencia frente a una situación, un deseo, una esperanza o expectativa no alcanzada. Si bien, la frustración es un sentimiento normal, la forma en que la afrontamos es lo que hace que su curso cobre relevancia en nosotros o no. Algunas recomendaciones para manejar la frustración y rearmarte.

Reconocimiento de los límites. Es fundamental tener en cuenta cuáles son nuestras limitaciones, y hasta dónde podemos lograr lo que nos planteamos. Existen también obstáculos externos que no dependen de nosotros.

Aceptación. Evita poder excusas, volver sobre la situación o imaginarte otros desenlaces. Debes aceptar la realidad.

Evita pensar recurrentemente en la situación. Pensar una y otra vez lo que sucedió no va a cambiar la situación. Debes tratar de seguir adelante y aprender de ello.

Cuenta con tus seres queridos. Cuando sientas que te enfrentas a una situación que te genere frustración, habla con tus seres queridos acerca de cómo te sientes. Ellos te brindarán su apoyo, y tal vez, te muestren aspectos que tu no habías considerado.

Flexibilidad. Cuando tenemos expectativas, objetivos o deseos, tenemos que tener en cuenta los diversos rumbos que estos pueden tomar. Debes estar preparado para las diferentes cosas que puedan ocurrir, no debes aferrarte a una única opción.

Reducción de expectativas. Trata de no poner mucha expectativa a las situaciones, ya que de esta manera, promueves este tipo de sentimiento.

Aprende de los errores. No debes culparte por lo que sucedió, por el contrario debes aprender de la experiencia y de este modo sacarle el mayor provecho posible.

Frustraciones según el género

Las mujeres reportan frustraciones en todas las áreas antes mencionadas. Se frustran por no sentirse con suficiente tiempo para hacer todo lo que planean o desean hacer. Sienten que pierden el control sobre las decisiones en la vida, lo que les causa una pérdida de control de sí mismas en cuanto a sus reacciones, su voluntad de dirección, a veces por la cuestión de las enfermedades. El no lograr lo que se proponen, incluyendo ganar dinero, también les frustra. Los problemas en las relaciones interpersonales son una fuente sumamente importante de frustración para las mujeres y mencionan frecuentemente la dificultad de ser escuchadas y entendidas por la pareja.
Para las mujeres las frustraciones son íntimas y cercanas; en menor grado se menciona la frustración con las injusticias del mundo. Los hombres reportan en primer lugar la frustración de no lograr algún propósito: un sentimiento de estancamiento, de fracaso. También les afecta lo interpersonal, que a diferencia de las mujeres, lo refieren a personas menos cercanas, como estudiantes o “personas” en general. El tiempo se menciona menos veces que con las mujeres, pero sí llega a causar frustración, sobre todo la sensación de que el tiempo se va sin haber logrado lo que se han propuesto. Existe también la frustración con las condiciones indignas e inhumanas del mundo.
La interrupción de los propósitos de los hombres en cuanto a su necesidad de lograr y de las mujeres en cuanto a su necesidad de relacionarse, nos lleva a reconocer las diferencias en las expectativas de cada género. Los hombres ponemos un peso significativo en lograr, alcanzar, avanzar, no estancarse, no fracasar, cumplir. Aunque están muy conscientes y a veces frustrados por las relaciones interpersonales, lo primero mencionado está dentro de la categoría del logro. El logro repercute directamente en el proyecto de vida: quién soy y a dónde voy. El proyecto se amenaza con las frustraciones acumulativas diarias. Esto es una señal de alarma para tomar conciencia, actuar y reorganizar ciertos aspectos de la vida.
Las mujeres, por ser educadas como “seres para los otros”, corren el riesgo severo de perder su proyecto de vida por ocuparse con las vidas ajenas, con el precio de olvidarse de la vida propia. Las mujeres hablan de perder el control sobre las decisiones de la propia vida; esto es perder la identidad, ese sentido de saber quién soy y a dónde voy con las riendas de mi vida en mis manos. En esta situación drástica, surge una sensación no identificada por ellas que llamo “frustración existencial”: la interrupción de un propósito y un sueño de vida sin darse cuenta de lo que pasa ni poder nombrarlo.
Es perder la identidad propia en las identidades ajenas: los gustos, actividades, deseos de los demás. El producto de esta situación suele ser un vacío interior, una insatisfacción sin nombre, una tristeza no identificada, una frustración y coraje subyacentes. Por supuesto, esto es una señal de alarma, una bandera roja, que se necesita atender.

“La frustración está provocada por una sociedad que nos pide ser lo que no somos y nos culpa de ser lo que somos”.
Alejandro Jodorowsky

frustración
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